lunes, 24 de agosto de 2020

Sesión 1. El Popol Vuh y la literatura mesoamericana.



    Objetivo: Acercar al alumno al conocimiento general de las expresiones literarias mesoamericanas a partir de una breve lectura del Popol Vuh; el cual resulta una obra principal de la cosmovisión y código de valores de los pueblos del área maya. 




    Para alguien interesado en profundizar en el análisis de esta obra, les comparto un breve estudio realizado por Leonardo García, historiador por la UNAM y colaborador de este blog con temas históricos que también iremos compartiendo para ampliar el enfoque de nuestra materia:


                                

EL POPOL VUH: UN BREVE ESTUDIO 

Leonardo García

    El Popol Vuh es una recopilación de fábulas y relatos cuya primera importancia radica en ser uno de los pocos textos mayas que se conservan hasta nuestros días. Su contenido explica la creación del universo, de los animales y de las cosas; de los dioses y de su relación con los hombres; de héroes; de genealogías; de valores y de aspectos de la vida y la cultura, lo que resulta en un maravilloso registro de la conciencia histórica- cultural quiché. Como relato fantástico, nos acerca a la memoria comunitaria, al relatar el pasado remontándose a los orígenes, y a las concepciones de identidad como pueblo a través de los mitos. Su análisis permite además el estudio y acercamiento a valores filosóficos, lingüísticos y artísticos, revelando el ingenio en la creación literaria y la complejidad de sus pensamientos.

Sobre los Quichés.

    Cuando en 1524, los españoles bajo el mando de Pedro de Alvarado, se dirigieron por orden de Cortés al territorio del sur, encontraron en él una civilización parecida a la del Centro de México. Ocupaban dicha región los quichés, que compartían una división lingüística y cultural, y los cakchiqueles, sus vecinos de las tierras altas.

    Los orígenes de los quichés se remontan arqueológicamente al año 600 a. C., pero no fue hasta el 1200 d. C., cuando llegaron al altiplano guatemalteco desde el norte, por la costa del golfo. Su mayor apogeo fue durante el reinado de K'iq'ab, expandiéndose hacia el norte de la costa y sometiendo a otros pueblos de origen maya como Tz'utujil, Kaqchikel y Man, o el de origen nahua Pipil.

    La agricultura fue la base de su economía, con el maíz como su principal cultivo, además del algodón, el frijol, el camote, la yuca y el cacao. También fue importante la destreza en las técnicas de hilado, tinte y tejido de paños, o el trabajo en objetos de cerámica, cobre, oro, jade, plumas y conchas de mar.

Sobre su origen, autor y contexto.

    Como la mayoría de las historias sobre la creación, el Popol Vuh se originó como parte de la tradición oral. La obra no tiene un autor definido; sin embargo, el hallazgo de un texto original y su traducción fue labor del Padre Fray Francisco Ximénez, de la Orden de Santo Domingo, que había llegado de España a Guatemala en 1688. Dicho personaje desempeñaba el curato del pueblo de Santo Tomás Chuilá, hoy Chichicastenango, hacia 1701.

    Se ha teorizado que la primera versión del Popol Vuh fue una obra terminada alrededor del año 1550 por un indio, indígena letrado de nombre Diego Reinoso, que, como cabe suponer, habría tenido ya un “adoctrinamiento” en la nueva religión cristiana. que copió la recitación oral de un anciano - probablemente un sabio del pueblo- Estudiando el texto del manuscrito de Chichicastenango se encuentran también algunos datos que permiten fijar aproximadamente la época en que fue redactado por uno o varios indios quichés. Se habla por ejemplo de la visita que hizo el obispo D. Francisco Marroquín para bendecir la nueva ciudad española construida sobre la antigua Utatlán, visita que, según Ximénez, tuvo lugar en 1539; y al enunciar en las páginas finales a los reyes que gobernaron el territorio, menciona a Juan de Rojas y a Juan Cortés, a quienes el conquistador Pedro de Alvarado quemó frente a Utatlán en 1524.

El lugar en que probablemente se elaboró el Popol Vuh fue Santa Cruz del Quiché, Guatemala, una ciudad fundada por los españoles en las cercanías de la antigua capital quiché: Cumarchac, también conocida como Utatlan. Al igual que los autores de las inscripciones en los monumentos de las antiguas ciudades en las Tierras Bajas mayas, los del Popol Vuh eran miembros de los linajes nobles. Escribieron las secciones históricas de ese libro desde la perspectiva de los linaj es Kaweq, Nijayib’ y Ajaw K’iche, los que ostentaban los títulos de más alto rango entre los señores del reino quiché. Se trata de tres señores (uno por cada linaje gobernante) que llevan el título de nim chokoj, “maestro de ceremonias”. A estos tres personajes en conjunto se le conocía también como u chuch tzij u qajaw tzij, “madres de la palabra, padres de la palabra”, lo que arroja luz sobre las razones que hicieron de ellos los encargados de conservar la “antigua palabra”, por medio de la escritura alfabética. El nombre de uno de ellos, Cristóbal Velasco, se conoce por otras fuentes quiché. Era el maestro de ceremonias del linaje Kaweq, aunque poco más se sabe sobre él[1].

    El escrito se presume fue descubierto y traducido por Ximénez entre 1701 - 1703, ocupando los primeros cuarenta capítulos del primer tomo de su Historia de la provincia de San Vicente de Chiapa y Guatemala, que empezó a escribir en 1715. Como garantía de la veracidad de su traducción, el fraile transcribió integro el texto quiché del documento fuente, y junto a él, en columnas paralelas insertó su traducción castellana. Este manuscrito, que se conserva actualmente en la Biblioteca Newberry de Chicago, lleva el título siguiente: Empiezan las historias del origen de los indios de esta provincia de Guatemala, traduzido de la lengua quiché en la castellana para más comodidad de los Ministros del Sto. Evangelio, por el R.P.F. Franzisco Ximénez, Cura doctrinero por el Real Patronato del Pueblo de Sto. Tomás Chuilá.

    En la labor de traducción, Fray Francisco Ximénez expresó lo siguiente:

Se conserva entre los indios en completo secreto, tanto secreto que ni siquiera un registro escrito de tal cosa fue hecha por sus guardianes de edad; y, estando en la parroquia de Chichicastenango e investigando ese punto, me di cuenta de que era la doctrina primera embebida con la leche de la madre y que todo el mundo lo sabía casi de memoria[2].

    Esas palabras expresan que Ximénez era consciente de la gran importancia del documento para el pueblo quiché, lo que se confirma en el título mismo, que se ha traducido como Libro del Consejo, y que referiría a su utilidad como medio informativo, de instrucción o educación.

    La primera traducción del P. Ximénez no era muy clara, ya que al estar apegada estrictamente al original, la lectura resultaba difícil de leer y con un cierto sin sentido. Acto seguido, revisó nuevamente la obra, transcribiéndola nuevamente y haciéndola menos literal. Esto pudo haber sido motivo de inexactitudes, omisiones o desfiguraciones del contenido original, aunado a las dificultades que se presentan al comparar idiomas tan diferentes sin otorgarle un sentido o profundidad diferente.

    Sobre las traducciones a otros idiomas, en 1854 el austriaco Dr. Carl Scherzer encontró la primera traducción de P. Ximénez en la biblioteca de la Universidad de Guatemala, e hizo una copia la cual publicó en Viena en 1857, con el título original de Las Historias del origen de los indios de esta provincia de Guatemala. Un año después del arribo de Scherzer a Guatemala, llegó Charles Étienne Brasseur de Bourbourg, quien se interesó también por el documento y lo tradujo al francés, con el título de Popol Vuh. Le Livre Sacré et les mythes de l 'antiquité américaine. Brasseur de Bourbourg fue quien dio al documento indígena el nombre de Popol Vuh, que conserva hasta ahora. La versión francesa de Brasseur fue a la vez traducida al castellano y así fue publicada en Centroamérica a fines del siglo XIX.

    En alemán se realizaron dos traducciones: la primera por Noah Elieser Pohorilles en 1913 y la segunda por el Dr. Leonhard Schultze-Jena, de la Universidad de Marburg, en 1944, con el título de Das heilige Buch der Quiche Indianer. Finalmente, en Guatemala se realizó una nueva traducción por J. Antonio Villacorta y Flavio Rodas, publicada con el título de Manuscrito de Chichicastenango. El Popol Buj[3].

Sobre la estructura del Popol Vuh.

    En el Popol Vuh pueden distinguirse tres partes. La primera es una descripción sobre la creación de la tierra que llena el vacío primigenio, y del hombre, a partir de la oscuridad, del agua, de la palabra, y del pensamiento de Tepeu, Gucumatz y el corazón del cielo Huaracán, quien a su vez tiene tres manifestaciones.

Primero se formaron la tierra, las montañas y los valles; se dividieron las corrientes de agua, los arroyos se fueron corriendo libremente entre los cerros, y las aguas quedaron separadas cuando aparecieron las altas montañas. Así fue la creación de la tierra, cuando fue formada por el Corazón del Cielo, el Corazón de la Tierra, que así son llamados los que primero la fecundaron, cuando el cielo estaba en suspenso y la tierra se hallaba sumergida dentro del agua. De esta manera se perfeccionó la obra, cuando la ejecutaron después de pensar y meditar sobre su feliz terminación[4].

    En el capítulo II de la misma sección se habla sobre la creación de los animales y espíritus que guardan los bosques y las montañas. El lenguaje adquiere una gran importancia, ya que es una capacidad que diferencia a los humanos de los otros animales y es el método que les permite establecer una comunión con los dioses. Además se resalta la importancia de la adoración y culto a las deidades como relación recíproca, ya que si bien los dioses aseguran los recursos naturales convenientes para los hombres, éstos tienen por labor asimismo sustentar y alimentar a aquellos. Aparecen los primeros seres humanos formados de lodo, pero como se deshacían y no tenían movimiento, fueron sustituidos por los hombres de palo. Finalmente en este capítulo se hacen referencias a un sistema de adivinación por medio de los granos de maíz y tzité[5].

    El capítulo III habla de un gran diluvio que tenía por fin aniquilara los hombres de palo, que se habían olvidado de su creador al no tener entendimiento. También aparece una curiosa explicación de porqué los monos se parecen al hombre.

    Del capítulo IV al VII se habla de los valores éticos individuales y de la comunidad, con una enseñanza moral contra la vanagloria y soberbia, poniendo como ejemplo al personaje Vacub-Caquix. Hay referencias al juego de pelota de caucho y al uso de la cerbatana como arma. Finalmente, del capítulo VIII al IX se relata la derrota de Zipacná, hijo de Vacub-Caquix, por los héroes Hunahpú e Ixbalanque. Esto resulta curioso, ya que tal vez estos últimos relatos estén refiriendo al contacto entre pueblos, y la supremacía de uno sobre el otro, ya que por un lado Vacub-Caquix y sus hijos alegan ser dioses, lo mismo que Hunahpú e Ixbalanqué.

    La segunda parte del Popol Vuh comienza haciendo referencia a los oficios de la comunidad como lo eran los flautistas, cantores, tiradores con cerbatana, pintores, escultores, joyeros y plateros[6]. También al Consejo y a los jueces que dictaban castigos y enfermedades a los hombres, una expresión divina del sistema de justicia terrenal, como Anahpuh yAhalganá, cuyo oficio era hinchar a los hombres, hacerles brotar pus de las piernas y teñirles de amarillo la cara, lo que se llama Chunganal[7]. También la decapitación como método de sacrificio de los grandes líderes, o como agente fertilizador, como la cabeza de Hun Hunahpú.

    Si nos referimos al inframundo como la construcción de un sitio donde se encierran los mayores temores de los humanos, es en esta parte del Popol Vuh la que permite acercarnos nuevamente al mundo de las ideas de los nativos de la región antes de la llegada del cristianismo, ejemplificado en los castigos de Xibalbá.

    A partir del tercer capítulo inicia la historia de la doncella Ixquic y de sus dos hijos gemelos, la que pareciera tener similitud con la de Eva en el Génesis cristiano. Nuevamente las enseñanzas morales aparecen, poniendo como ejemplo de la envidia y la maldad a Hunbatz y Hunchouén. Los animales son tratados con suma familiaridad, siendo la forma en que el natural compartía el entorno con las otras bestias.

    Las aventuras de Hunahpú e Ixbalanqué en el juego de pelota con los señores de Xibalbá perece corresponder a un rito iniciático, ya que a raíz de su muerte y resurrección, comenzaron a obrar muchos prodigios. Quemaban las casas como si de verdad ardieran y al punto las volvían a su estado anterior. Luego se despedazaban a sí mismos; se mataban el uno al otro; tendíase como muerto el primero a quien habían matado, y al instante lo resucitaba el otro[8].

    En el capítulo XIV se podría entender que los señores de Xibalbá constituían realmente una estirpe entre los hombres, y que el triunfo de Hunahpú e Ixbalanqué marca el cómo fueron desplazados por un nuevo linaje como gobernantes de algún pueblo.

Puesto que ya no existe vuestro gran poder ni vuestra estirpe, y tampoco merecéis misericordia, será rebajada la condición de vuestra sangre, No será para vosotros el juego de pelota. Solamente os ocuparéis de hacer cacharros, apastes y piedras de moler maíz (...) Los hijos esclarecidos, los vasallos civilizados no os pertenecerán y se alejaran de vuestra presencia. Los pecadores, los malos, los tristes, los desventurados, los que se entregan al vicio, ésos son los que os acogerán. Ya no os apoderéis repentinamente de los hombres, y tened presente la humildad de vuestra sangre (...) De esta manera comenzó su destrucción y comenzaron sus lamentos. No era mucho su poder antiguamente. Sólo les gustaba hacer el mal a los hombres en aquel tiempo. En verdad no tenían antaño la condición de los dioses. Además, sus caras horribles causaban espanto. Eran los enemigos, los búhos. Incitaban al mal, al pecado y a la discordia. Eran también falsos de corazón, negros y blancos a la vez, envidiosos y tiranos, según contaban. Además, se pintaban y untaban la cara. Así, fue, pues, la pérdida de su grandeza y descendencia de su imperio[9].

    En la formación del hombre, finalmente el maíz fue la materia prima con la que fueron creados. Así nacieron los cuatro hombres, los padres: Balam-Quitzé, Balam-Acab, Mahucutahy Iqui-Balam, origen y principio del pueblo quiché. Las mujeres, nuevamente como en el relato de Eva, llegaron durante el sueño de los hombres. Lo anterior se detalla ya en la Tercera parte del Popol Vuh.

    A partir de este momento, y de aquellos progenitores comienza a detallarse una serie de familias y pueblos, entre las que destacan los trece de Tecpán, los Rabinales, los Cakchiqueles, los de Tziquinahá,

Zacahá, Lamaq, Cumatz, Tuhalhá, Uchabahd, los de Chumilahá, Quibahá, los de Batenabá, Acul- Vinac, Balamihá, los Canchaheles y Balam Colob. También se detallan las generaciones, el orden de los reinados y la división de clanes dominantes, como lo refiere el capítulo XII de esta tercera parte. El sacrificio entre los hombres parece ser un aspecto que se desarrolló posteriormente.

Sobre la intención y la polémica acerca de la autenticidad.

    Como se ha mencionado en algún momento de este escrito, el Popol Vuh pudo resultar un texto de enseñanza para los propios quichés, desde el aspecto cosmológico y de las deidades, pasando por el conocimiento del pasado y la herencia pretendida como pueblo, hasta mostrar valores de distinción entre lo bueno y lo malo en las obras de los hombres. La intención radica justamente en eso, en ser un medio legitimador de un grupo étnico y un registro de su evolución cultural tal como lo habían hecho otras civilizaciones contemporáneas. Si pretendemos seguir la intención del P. Ximénez en la traducción y preservación del texto, es algo más complicado. Tal vez su interés del fraile dominico fue crear una defensa de los indios, ya que su texto no resulta tan ajeno a las enseñanzas cristianas; la similitud en los relatos y los valores promovidos son muestra de ello. Por lo mismo, podría facilitar la tarea evangelizadora y el convencimiento o la fidelidad por los naturales a la doctrina católica. Finalmente porque al ser una fuente total del pueblo, su estudio le permitiría un mayor acercamiento al mismo, aunque en la labor de traducción es claro que escribe desde su concepción, desde su lengua castellana, dando un nombre a objetos que probablemente serian incongruentes a la América precolombina. En otros casos, se preocupó por mantener los términos autóctonos para nombrar a ciertos animales, personas o cosas.

    El mismo P. Ximénez, en el prólogo a su traducción, claramente establece que el objetivo primordial de traducir las “historias del origen de los indios” fue:

Dar luz, y noti^a de los herrores, q’ tuvieron, en su gentilidad, y q’ todavía conservan entre si. quise trasladar todas las historias alaletra de estos indios, y tambien tradu9Írla en la lengua Castellana, y ponerle los escolios q’a la fin van puestos, (...) pa. desengañar a algunos aquienes (...) juzgan de estashistorias, ser cosa muy conforme arazon, y a nuestra Sta. fee (...) para desengaño de muchos, q’se hallan engañados como he dicho o por ignorar lalengua, y no entienden loq’leen, (...) pero como quiera q’estos sehallen embueltas en mil mentiras, y quentos, no se le deue darmas crédito q’elq’tiene el Pe. de mentiras satanas quien fue su Autor, sinduda, para engañar, yperder a estos misserables[10].

    De esta declaración se deduce que su proyecto pretendía una erradicación de la religión quiché. Su traducción estaba destinada a revelar los “errores”, o las idolatrías indígenas para que los misioneros dominicos, no versados en el tema, pudieran detectar y erradicar los ritos y creencias de sus neófitos.

    También existe una polémica acerca de la autenticidad del Popol Vuh, o de una parte de éste, ya por las grandes similitudes con los relatos cristianos como por la perfección del estilo en que está escrito, y algunos han querido ver en ello una muestra de que el documento original fue tergiversado para fines de evangelización. Sin embargo, en la opinión personal, esta polémica es justamente la que da lugar a la realización de estudios y que competen a muchas disciplinas, como la antropología, la arqueología, la historia, la etnografía, la mitografía y la lingüística.

Sobre tiempo y cronotopo.

    El Popol Vuh comienza a desarrollarse en un tiempo imaginario, y posterior a la creación del universo se desencadena una interesante relación entre ficción y realidad. Establecer un tiempo narrado es difícil ya que se remonta hasta los orígenes; sigue una línea cronológica de los acontecimientos y en otras - como al explicar el nacimiento de Hunahpú e Ixbalanqué- utiliza el tiempo figurado -pequeños saltos temporales-; ello con fin de explicar el origen de ciertas circunstancias o personajes. Sin embargo, las fábulas siguen conectadas sin interrupción, logrando no perder el orden narrativo.

    A partir de la Tercera parte, menciona fechas a partir de las generaciones de grandes señores y familias que podrían ser rectificados en la labor de investigación. El manejo del tiempo resulta hábil, especialmente cuando se pretende detallar el origen de las tribu principales y se refiere a “no había nacido el sol ni la luz cuando se multiplicaron” refiriendo a que el suceso aconteció en un periodo muy atrás.

    A lo largo de todo el texto la relación entre espacio y tiempo -cronotopo- resulta fundamental ya que la elección de los diferentes espacios está representando e influyendo en lo que le ocurre a los protagonistas, que comparten precisamente la idea del tiempo culturalmente; la relación intrínseca entre espacialidad - temporalidad es en mayor grado apreciable en el desencadenamiento de la obra de creación del universo hasta el final de la Segunda Parte. Tal como lo explica Bajtín:

El cronotopo de cada uno de estos géneros determina el tipo de eventos que se narran, la forma y naturaleza de los personajes y el tipo de transformaciones experimentadas por ellos: así, en el cronotopo de aventuras los eventos son casualidades, completamente exteriores a los héroes, y éstos aparecen como inmutables (este cronotopo es idéntico de hecho al de los dibujos animados contemporáneos como el Correcaminos); el cronotopo de la metamorfosis, en cambio, hace a los personajes experimentar constantes cambios sucesivos, cambios que se asimilan a las transformaciones experimentadas por la naturaleza[11].

    En la explicación del tiempo que se ha dado se puede intentar responder a la pregunta sobre la perspectiva del devenir que tenían los quichés. Al establecer una continuidad entre lo acontecido en el pasado y lo que existe en el presente, es muestra que fueron conscientes que las acciones pretéritas repercutieron en las circunstancias que tenían por actuales, por lo tanto mantendrían su influencia en el futuro, en mayor o menor grado.

Conclusión.

    El Popol Vuh resulta un libro de gran calidad y trascendencia y una interesantísima fuente que permite conocer a los pueblos quichés precolombinos del actual sur de México y Guatemala. En su desarrollo se presentan una continuidad de personajes, vivencias, temas y acciones que constituyen el imaginario regional, y su lectura debe tener por objetivo buscar la parte mitológica y la parte histórica de dichos pueblos.

    Cabe aclarar que en la obra original no hay divisiones en capítulos, y la narración continúa de principio a fin, pero en las versiones modernas si se presentan dichas particiones, tal vez con el fin de aligerar la lectura y facilitar el estudio.

    Es difícil establecer la medida de la interacción que Ximénez tuvo en la narración, pero eso no le resta la importancia y el interés que despierta el texto por sí mismo. Definitivamente si resulta una fuente primera de acercamiento para intentar familiarizarnos y entender, en la medida posible, el pensamiento, sentir y expresión del indio; conocer sus procesos mentales, sus ideas religiosas y con ello, su contexto espiritual y mundano, siempre a partir del auxilio de las ciencias sociales y humanísticas, ya que los mitos resultaron las bases de su conciencia cultural.

    El Popol Vuh es, finalmente, una historia unificada que abarca en una sucesión continua todo el proceso de florecimiento del quiché, escrita en términos de pensamiento mitológico, pero también real, como vestigio de la complejidad de su cultura.

Fuentes Consultadas.

Bibliografía.

CARMACK Robert M. Quichean Civilization: The Ethnohistoric, Ethnographic, and Archaeological Sources, University of California Press, 1973, pp. 453.

HIMELBLAU, Jack. Quiche Worlds in Creation: The Popol Vuh as a Narrative Work of Art, Culver City, California, Labyrinthos. 1989, pp. 131.

RECINOS Adrián (trad.), Popol Vuh. Las antiguas historias del Quiché, México, Fondo de Cultura Económica,

2008, pp. 181

Hemerografía

VELA Enrique, “Popol Vuh. El libro sagrado de los mayas” en Arqueología Mexicana, México, vol. 15, núm. 88, Periodo Nov-Dic, Editorial Raíces S.A. de C.V., pp. 42-50.

En línea:

NAVARRETE Linares Federico, Dialogo con M. Bajtin sobre el cronotopo, Enero, 2001, Recuperado en: http://aprendeenlinea.udea.edu.co/lms/ova/mod/resource/view.php?id=1437

XIMENEZ P. Francisco, Historia de la Provincia de San Vicente de Chiapay Guatemala, Universidad Francisco Marroquín, Recuperado en: https://archive.org/detai l s/hi stori adel aprovQQreme.

XIMENEZ Francisco, Las historias del origen de los indios..., texto paleografiado por Carlos M. López, Recuperado en: http://www.historicas.unam.mx/publicaciones/publicadigital/libros/lecturas/T1/LHMT1 059.pdf , 2007, p. 4



[1] Enrique Vela, “Popol Vuh. El libro sagrado de los mayas” en Arqueología Mexicana, México, vol. 15, núm. 88, Periodo Nov-Dic, Editorial Raíces S.A. de C.V., pp. 42-50

[2] P. Francisco Ximénez, Historia de la Provincia de San Vicente de Chiapa y Guatemala, Universidad Francisco Marroquín, Recuperado en: https://archive.org/details/historiadelaprov00reme.

[3] Adrián Recinos (trad.), Popol Vuh. Las antiguas historias del Quiché, México, Fondo de Cultura Económica, 2008, p. 14

[4] Ibíd., p. 25.

[5] Erythrina Corallodendron conocido como “Árbol de Pito” en Guatemala y “Colorín” en México. Su fruto es una vaina que encierra granos rojos parecidos al frijol.

[6] Ibíd., p. 49

[7] Ibíd., p. 50

[8] Ibíd., p. 95.

[9] Ibíd., p. 100.

[10] Francisco Ximénez, Las historias del origen de los indios..., texto paleografiado por Carlos M. López, Recuperado en: http://www.historicas.unam.mx/publicaciones/publicadigital/libros/lecturas/T1/LHMT1 059.pdf , 2007, p. 4

[11] Federico Navarrete Linares, Dialogo con M. Bajtin sobre el cronotopo, Enero, 2001, Recuperado en: http://aprendeenlinea.udea.edu.co/lms/ova/mod/resource/view.php?id=1437





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